Pensamientos absurdos o no de una escritora aficionada y aprendiz de periodista//Deténte en el tiempo un minuto y párate a pensar ¿De verdad todo es tan malo?.//
jueves, 19 de septiembre de 2013
Ella.
Ella era todo lo que necesitaba, ella controlaba mi respiración. Cuando ella sufría, yo sentía un soplo de aire frío, congelado, gélido. Todas las mañanas la despertaba con un beso en la frente; con un inmenso miedo a perderla; con un inmenso miedo a que ella nunca despertara de su profundo sueño, que a la vez era el mío. Los otoños fueron pasando y yo poco a poco vi como sus labios carnosos se transformaban en agrietados labios rosados, blanquecinos. Su pelo largo, dorado con reflejos del color del sol, cambiaban a un color similar al que podría tener un invierno apagado y oscuro. Sus manos suaves, calientes, de color melocotón pronto se transformaron en escamas. Pensé que cada vez era yo más alto, sin embargo era ella quien menguaba. Pero todo eso no importaba porque ella controlaba mi respiración. Su corazón, latiendo a las mismas pulsaciones que el mío necesitaba un soplo de aire fresco, un soplo de aire nuevo; pero ella seguía atrapada en aquel invierno frío. Pasaron más otoños, y ella siguió transformándose, sin embargo, seguía siendo la misma. La misma que controlaba mi respiración.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Cansado de mirar la vida desde una silla.
Estaba ya cansado de sólo mirar por la ventana. ¿Qué es eso de ver un pájaro posarse en el suelo y darle de comer?¿Qué se siente al oler todos los días por la mañana la hierba recién cortada?¿Cómo es el sentimiento de correr por una colina?¿Qué es eso de salir con tus amigos detrás del camión de los helados?. Yo me tengo que conformar con tocar el piano en mi habitación. De vez en cuando mi madre o Lilli, la criada, vienen a donde estoy yo y se sientan en la cama para escucharme tocar. Ellas dicen que es lo más celestial que han oído. Yo creo que nada puede superar a un jilguero cantando, a un niño riendo, a un bebé llorando.
Como cada tarde me pongo a leer un libro de aventuras en el que los niños vuelan en globo, nadan en el mar azul o corren de la mano. Yo mientras sigo cansado de sólo mirar por la ventana. Lilli pronto me trae la merienda. Un zumo de naranja, un par de lonchas de pechuga de pollo,dos galletas, dos calmantes y un ansiolítico.
Me duermo como siempre, y no despierto hasta el día siguiente, cuando asomo por la ventana.Observo a la gente pasar; veo a los niños correr detrás del autobús, a los ancianos pasear con sus nietos, y yo sigo aquí, mirando por la ventana. Cansado de mirar por la ventana y cansado de querer y no poder correr, empecé a soñar.
Como cada tarde me pongo a leer un libro de aventuras en el que los niños vuelan en globo, nadan en el mar azul o corren de la mano. Yo mientras sigo cansado de sólo mirar por la ventana. Lilli pronto me trae la merienda. Un zumo de naranja, un par de lonchas de pechuga de pollo,dos galletas, dos calmantes y un ansiolítico.
Me duermo como siempre, y no despierto hasta el día siguiente, cuando asomo por la ventana.Observo a la gente pasar; veo a los niños correr detrás del autobús, a los ancianos pasear con sus nietos, y yo sigo aquí, mirando por la ventana. Cansado de mirar por la ventana y cansado de querer y no poder correr, empecé a soñar.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
La habitación estaba en penumbra, apenas podía ver el retrato que desde hacía varios meses estaba pintando.Palpé los muebles, a pesar de que ya hacía tiempo que conocía la habitación. Oía a los vecinos discutir fuertemente y a los gatos maullar puesto que creo que ya era la hora de sacarles el plato de comida.Yo pese a esto entraba despacio, poco a poco y silenciosamente. Encendí un vela cuya cera estaba ya derretida de tantos días tener yo insomnio. Avancé un poco más hacia el fondo de la habitación y me quedé frente a la cama. Como todas las noches lloré al mirar aquella pintura, en aquel caballete que estaba al lado de donde dormía. Tenía la esperanza de que esa imagen fuera cierta. Pronto miré a la cama. Ella ya no estaba allí. Como cada noche dormía solo. Me conformaba con oler la poca fragancia que quedaba de ella en la almohada y me dormía mirando aquel cuadro que ya nunca jamás podría terminar.
martes, 10 de septiembre de 2013
#Microrelato
Yo no quería dormir sola, tú querías dormir acompañado. Tú pedías un beso en la mejilla, yo necesitaba algo más. Transcurrió la noche rápidamente. Tú te quedaste contándome mil historias. Con las ganas puestas a flor de piel. Pronto comencé a sentir como que yo ya no era yo, y tú no eras tú. Pasé a formar parte de los cuentos que me contabas. Yo en todos era el lobo, tú Caperucita.
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