Él siempre se pasaba las 24 horas leyendo. Ella le preguntaba si podrían salir de casa, pero siempre se llevaba la misma respuesta. Estaba inmerso en su mundo de artista.
La mansión pronto se llenó de cuadros, de pinceles por el suelo, de pinturas secas. El suelo con pequeños rescoldos de una vida que se agotaba. Ella lo observaba, sabía de sus manías: siempre debía cenar antes de las 9, sino se ponía de mal humor y se pasaba toda la noche despierto. No se podía dejar las uñas quietas más de 5 minutos. Masticaba sin tener nada en la boca. Antes de ir a la cama tarareaba una canción. Oía la radio dos horas al día y nunca la tele; es más, hizo retirarla porque decía que "lo estresaba". No sólo eso. Murmuraba, hablaba consigo mismo, era sonámbulo... Adele intentaba salir de la monotonía. Estaba harta de hacer siempre lo mismo, siempre paseaba por los campos, no tenía vecinos ni casi familia. Su única hermana vivía en Washington a más de 1.000 km.
Un día se levantó y pensó en irse. Sin embargo, nunca tenía valor, sabía que lo quería demasiado. Al día siguiente dijo no. No podía vivir sin él.
(mi puntuación es fruto de mi estilo, ya se que no es del todo correcta sintácticamente así que ruego me disculpéis)