Él siempre se pasaba las 24 horas leyendo. Ella le preguntaba si podrían salir de casa, pero siempre se llevaba la misma respuesta. Estaba inmerso en su mundo de artista.
La mansión pronto se llenó de cuadros, de pinceles por el suelo, de pinturas secas. El suelo con pequeños rescoldos de una vida que se agotaba. Ella lo observaba, sabía de sus manías: siempre debía cenar antes de las 9, sino se ponía de mal humor y se pasaba toda la noche despierto. No se podía dejar las uñas quietas más de 5 minutos. Masticaba sin tener nada en la boca. Antes de ir a la cama tarareaba una canción. Oía la radio dos horas al día y nunca la tele; es más, hizo retirarla porque decía que "lo estresaba". No sólo eso. Murmuraba, hablaba consigo mismo, era sonámbulo... Adele intentaba salir de la monotonía. Estaba harta de hacer siempre lo mismo, siempre paseaba por los campos, no tenía vecinos ni casi familia. Su única hermana vivía en Washington a más de 1.000 km.
Un día se levantó y pensó en irse. Sin embargo, nunca tenía valor, sabía que lo quería demasiado. Al día siguiente dijo no. No podía vivir sin él.
(mi puntuación es fruto de mi estilo, ya se que no es del todo correcta sintácticamente así que ruego me disculpéis)
Pensamientos absurdos o no de una escritora aficionada y aprendiz de periodista//Deténte en el tiempo un minuto y párate a pensar ¿De verdad todo es tan malo?.//
lunes, 24 de marzo de 2014
domingo, 12 de enero de 2014
El gran infravalorado.
Siempre gente llegando tarde ¿Por qué? -No hay tiempo, ¿Verdad?
¿Qué es lo que te hace feliz en la vida?. Te hace feliz tener amigos y compartir momentos con ellos. Te hace feliz ir al cine, cenar con tu novio, cantar de alegría, la visita de un amigo al que hace mucho que no veías ¿Verdad?. ¿Verdad que te hace feliz cuando por tu cumpleaños te regalan un ramo de rosas? -Claro que te hace feliz, ¡cómo no!.Te desesperas por muchas cosas, pero siempre hay algo que te hace feliz. ¿Te acuerdas del olor a lluvia? ¿De los días de tormenta cuando te resguardas en la cama?. Todo eso te hace feliz ¿verdad?. Y... escucha,¿Qué más te hace feliz? Cuando ves a tu familia, tus hijos, tus primos, tu hermano, tu hermana, tus abuelos ¿Si? bien... Seguro que también amas salir a cenar, ponerte ese vestido con el que tan cómoda y tan guapa te sientes. Pero... espera, hay muchas más cosas. Te encanta el olor a libro nuevo, encontrarte dinero en un bolso que hacía mucho que no te ponías. ¿Me equivoco? Sabía que no me equivocaba. ¿Qué es lo que más valoras? Todas esas cosas y... ¿Qué más?. Adoras un chiste bueno, un regalo inesperado, un beso por sorpresa, una taza de café con churros una mañana en invierno ¿No es así? Ah claro, te preguntas que porqué yo se estas cosas ¿no?. Bien, después de tanta pregunta, te daré una respuesta. Todos somos prácticamente iguales; unos más, otros menos, todos valoramos las mismas cosas. Pero bien, ¿sabes lo que no valora nadie?- El tiempo.
¿Y sabes qué más?, ese tiempo que te importa tan poco, que no es nada en tu vida, es lo que hace que puedas disfrutar de todo aquello que adoras. El decide en cierto modo tu destino, destino que algún día te arrebatará, como a todos. Porque.. todos somos prácticamente iguales, ¿verdad?.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
"La España de los ignorantes"
Mi entrada de hoy está dedicada a una de las figuras que más influencia mediática tiene en España en tanto a que siempre la está cagando públicamente.
Hoy os quiero hablar de la super-inteligente, Ana Botella, alcaldesa de Madrid.
Mi indignación más bien viene porque una serie de individuos apoyan a esta mujer que en mi opinión es más tonta que una patata, en un asunto que no tiene ningún fundamento.
Veréis, toda la polémica viene por un artículo publicado por el país (adjunto link) que viene a decir que los músicos callejeros sólo podrán actuar en lugares públicos si obtienen una licencia. Esta licencia se obtiene con una audición. En resumidas cuentas, los músicos deben venderse ante un comité sin ningún criterio, -ellos mismos se delatan-. No se aceptan amplificadores ni instrumentos de precisión, y la única cualidad que se valora es la calidad de la música.
¿Y como co*o se valora eso? Me puede a mí gustar mucho el rock, que otros lo aborrecerán. ¿Entonces qué, quién dictamina que es buena música y que mala cuando estamos hablando de artistas callejeros de música libre?.
Bueno pues a mis queridos seguidores de Botella, sólo quería deciros que el comité de análisis de músicos no es ni mucho menos para que alguien en paro tenga empleo; es una idea tan absurda como la medida de la simpatiquísima alcaldesa que muy lejos de pecar de inteligente, adopta medidas sin sentido por doquier.
Su inteligencia viene determinada no porque a vosotros os parezca inteligente, sino por su labor tanto como alcaldesa como ciudadana y a día de hoy creo que no hace bien ninguna de las dos funciones.
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/12/10/videos/1386696583_682717.html
Hoy os quiero hablar de la super-inteligente, Ana Botella, alcaldesa de Madrid.
Mi indignación más bien viene porque una serie de individuos apoyan a esta mujer que en mi opinión es más tonta que una patata, en un asunto que no tiene ningún fundamento.
Veréis, toda la polémica viene por un artículo publicado por el país (adjunto link) que viene a decir que los músicos callejeros sólo podrán actuar en lugares públicos si obtienen una licencia. Esta licencia se obtiene con una audición. En resumidas cuentas, los músicos deben venderse ante un comité sin ningún criterio, -ellos mismos se delatan-. No se aceptan amplificadores ni instrumentos de precisión, y la única cualidad que se valora es la calidad de la música.
¿Y como co*o se valora eso? Me puede a mí gustar mucho el rock, que otros lo aborrecerán. ¿Entonces qué, quién dictamina que es buena música y que mala cuando estamos hablando de artistas callejeros de música libre?.
Bueno pues a mis queridos seguidores de Botella, sólo quería deciros que el comité de análisis de músicos no es ni mucho menos para que alguien en paro tenga empleo; es una idea tan absurda como la medida de la simpatiquísima alcaldesa que muy lejos de pecar de inteligente, adopta medidas sin sentido por doquier.
Su inteligencia viene determinada no porque a vosotros os parezca inteligente, sino por su labor tanto como alcaldesa como ciudadana y a día de hoy creo que no hace bien ninguna de las dos funciones.
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/12/10/videos/1386696583_682717.html
jueves, 21 de noviembre de 2013
Voy a crear poesías de tus labios.
-Voy a crear poesías de tus labios. -¿Qué es la poesía? - La poesía es amor ¿Hay algo que pueda producir amor más allá de tus labios? - No digas bobadas, los labios no pueden producir amor. ¿Acaso te imaginas que únicamente te enamorases de unos labios? - No son unos labios cualquiera, son los tuyos. Y respondiendo a tu pregunta, no, no me puedo enamorar únicamente de unos labios, pero resulta que tus labios son la puerta de tu amor.
martes, 19 de noviembre de 2013
Por encima de mis defectos.
La sentí ~
Mil veces la sentí. Su aliento se entrecortaba al ritmo que mi corazón se aceleraba. De su boca brotaba quizá el canto de un ángel caído del cielo, quizá sólo eran tus gemidos en mi oreja. Vaya contradicción ¿verdad? tu te relajas al mismo tiempo que yo me acelero. ¿Que le voy a hacer si tu eres el ying y yo soy el yang? Tu eres guapa, yo soy feo. Tu eres inteligente, yo sólo un tonto más. Tu eres mi huesitos, esos por los que yo estoy loco. Tu rubita, yo moreno. Tu paciente, yo impaciente. Tu tranquila, yo una moto. Tu roja, yo azul. Tu decidida, yo indeciso. Tu adorable, yo un monstruo. Tu una pija, yo un fumeta. Cuando mires a todos esos que te miran con deseo (lo cual es entendible), recuerda que ellos son muchas cosas pero yo soy tu yang, tu feo, tu tontito, tu moreno, tu impaciente, tu indeciso, tu monstruo, tu fumeta. Seré muchas cosas en esta vida, pero la única que me importa y que te debe importar a ti es que por delante de todas esas cosas que soy, soy tuyo.domingo, 6 de octubre de 2013
Diario de un obseso.
La buscaba con la mirada pero nunca la encontraba. Intentaba regalarla una palabra que nunca salía de mi boca. Tenía un halo a su alrededor, un halo que no me permitía dar el paso de acercarme a ella. Mil veces pensé en tener su boca a dos centímetros de la mía. Mil veces pensé tener sus labios en mi cuello, sus senos en mi espalda, su culo entre mis manos. Todos los días la observaba desde la ventana que tenía mi pequeña oficina, siempre limpia pero desordenada, con una mesa llena de fotos con mi familia encima. Ella caminaba delante de mi con aquella falda por las rodillas de estilo tubo. La podría describir como una mujer simple pero perfecta. Sus curvas, asemejadas a un reloj de arena no hacían más que girar en mi cabeza. Cada día más que pasaba, más me gustaba, más me excitaba. A veces me preguntaba como era posible. Yo, casado, con dos hijos, un niño y una niña... Una sensación contraria me producía jaquecas. Por un lado el sentimiento de culpa al pensar en desear otra que no fuese mi mujer, a la que había jurado amor y fidelidad eterna. Por otro lado, no podía quitarme de la cabeza a aquella mujer morena de ojos verdes. Todo aquello no importaba, nunca me atrevería ni si quiera a invitarla a tomar un café. Solo cruzábamos un par de palabras al día: Hola y Adiós.
Poco a poco noté como se fue convirtiendo en una obsesión. Ya no quería comer, no me concentraba en mi trabajo, no hacía caso a mi familia. La obsesión se convirtió en lo que yo podría calificar de "valentía".
Un Jueves, a las seis de la tarde, hora de salir del trabajo, yo me tuve que quedar en la oficina y cancelar la cena familiar que tenía en casa de mi suegra a las nueve y media. Aunque tampoco me importaba. A ella la podría describir como una arpía que solo sabía decir bastadas y mentiras.
Aquel día por coincidencia, desgracia o fortuna tuve que hacer papeleo y llamaron a mi puerta; era ella, cerró la puerta y me trajo un café por orden expresa del jefe, amigo mío. Siempre suele traermelo él cuando me quedo hasta altas horas trabajando, sin embargo, eran las siete y cuarto, era mucho más pronto que otros días. Intercambiamos palabras, no me pareció tan difícil hablar con ella, al menos no tanto como había imaginado. Se quedó a mi lado contándome algunos cotilleos que yo aparentaba oír, aunque mi mente estaba centrada en ella. Seguía imaginándola desnuda, con sus curvas perfectas; su piel erizando la mía. Empecé a sudar por aquella situación, pero daba igual. Mi mente seguía pensando como su carita inocente podría convertirse en una carita llena de placer, con una sonrisa traviesa pintada en ella; como sus ojos se clavaban en los míos como una tecla de una maquina de escribir se clava en un papel; de como mi mano la recorría los senos suavemente, bajando hasta su ombligo y sus caderas. Para estas ultimas tenía un trabajo diferente, el de bailar un compás perfecto con las mías. ¿Donde estaba aquel sentimiento de culpa?
Cuando me quise dar cuenta de lo que estaba pensando ya era tarde. Mis manos se disponían a bajar la cremallera de aquella falda larga de cubo. Ella, echada sobre mi mesa, tiró los marcos de fotos, que se rompieron en pedazos. Se abrió a mi y yo ya no podía pensar con claridad. Todas aquellas fantasías de mi mente se habían convertido en realidad. Poco a poco mis manos fueron bajando, mi lengua fue recorriendo todos los recónditos rincones de su cuerpo, su respiración entrecortándose. Necesitaba esa carita, ese momento cumbre en el que ella estallaba de placer.
Miré el reloj, las doce y veintitrés. Hora de volver a casa.
Poco a poco noté como se fue convirtiendo en una obsesión. Ya no quería comer, no me concentraba en mi trabajo, no hacía caso a mi familia. La obsesión se convirtió en lo que yo podría calificar de "valentía".
Un Jueves, a las seis de la tarde, hora de salir del trabajo, yo me tuve que quedar en la oficina y cancelar la cena familiar que tenía en casa de mi suegra a las nueve y media. Aunque tampoco me importaba. A ella la podría describir como una arpía que solo sabía decir bastadas y mentiras.
Aquel día por coincidencia, desgracia o fortuna tuve que hacer papeleo y llamaron a mi puerta; era ella, cerró la puerta y me trajo un café por orden expresa del jefe, amigo mío. Siempre suele traermelo él cuando me quedo hasta altas horas trabajando, sin embargo, eran las siete y cuarto, era mucho más pronto que otros días. Intercambiamos palabras, no me pareció tan difícil hablar con ella, al menos no tanto como había imaginado. Se quedó a mi lado contándome algunos cotilleos que yo aparentaba oír, aunque mi mente estaba centrada en ella. Seguía imaginándola desnuda, con sus curvas perfectas; su piel erizando la mía. Empecé a sudar por aquella situación, pero daba igual. Mi mente seguía pensando como su carita inocente podría convertirse en una carita llena de placer, con una sonrisa traviesa pintada en ella; como sus ojos se clavaban en los míos como una tecla de una maquina de escribir se clava en un papel; de como mi mano la recorría los senos suavemente, bajando hasta su ombligo y sus caderas. Para estas ultimas tenía un trabajo diferente, el de bailar un compás perfecto con las mías. ¿Donde estaba aquel sentimiento de culpa?
Cuando me quise dar cuenta de lo que estaba pensando ya era tarde. Mis manos se disponían a bajar la cremallera de aquella falda larga de cubo. Ella, echada sobre mi mesa, tiró los marcos de fotos, que se rompieron en pedazos. Se abrió a mi y yo ya no podía pensar con claridad. Todas aquellas fantasías de mi mente se habían convertido en realidad. Poco a poco mis manos fueron bajando, mi lengua fue recorriendo todos los recónditos rincones de su cuerpo, su respiración entrecortándose. Necesitaba esa carita, ese momento cumbre en el que ella estallaba de placer.
Miré el reloj, las doce y veintitrés. Hora de volver a casa.
jueves, 19 de septiembre de 2013
Ella.
Ella era todo lo que necesitaba, ella controlaba mi respiración. Cuando ella sufría, yo sentía un soplo de aire frío, congelado, gélido. Todas las mañanas la despertaba con un beso en la frente; con un inmenso miedo a perderla; con un inmenso miedo a que ella nunca despertara de su profundo sueño, que a la vez era el mío. Los otoños fueron pasando y yo poco a poco vi como sus labios carnosos se transformaban en agrietados labios rosados, blanquecinos. Su pelo largo, dorado con reflejos del color del sol, cambiaban a un color similar al que podría tener un invierno apagado y oscuro. Sus manos suaves, calientes, de color melocotón pronto se transformaron en escamas. Pensé que cada vez era yo más alto, sin embargo era ella quien menguaba. Pero todo eso no importaba porque ella controlaba mi respiración. Su corazón, latiendo a las mismas pulsaciones que el mío necesitaba un soplo de aire fresco, un soplo de aire nuevo; pero ella seguía atrapada en aquel invierno frío. Pasaron más otoños, y ella siguió transformándose, sin embargo, seguía siendo la misma. La misma que controlaba mi respiración.
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